ENTREVISTAS
  30-10-2018
ENTREVISTA A LA DRA. ALICIA FERNÁNDEZ CIRELLI

“La educación y la gestión son fundamentales para alcanzar mayores niveles de acceso al agua potable”

Conversamos con la Dra. Alicia Fernández Cirelli, integrante de la Comisión Asesora de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo Sustentable (CADES), sobre los problemas de la calidad del agua, y los desafíos que enfrenta el sector científico-tecnológico para abordar esta problemática.

Por Mora Laiño*

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La Dra. Alicia Fernández Cirelli.

Parte de su trabajo se basa en el análisis de la situación sobre el acceso a fuentes de agua potable y servicios de saneamiento en América Latina, una de las regiones del mundo con mayores reservas de agua dulce. ¿Cuáles son las causas de las deficiencias en la gestión del agua en la región y las principales problemáticas asociadas?

Si analizamos el panorama por regiones, podríamos considerar a América Latina una región con muchos recursos y poca gente, lo cual nos pondría en una situación privilegiada. En América del Sur tenemos tres de las cuencas más importantes; la Cuenca del Plata, la del Amazonas y la del Orinoco y, por otro lado, tenemos el Acuífero Guaraní. El problema se da cuando pensamos en la distribución del recurso. En Argentina, el 75% del territorio es semiárido y árido, y el 25% restante es húmedo, donde hay realmente abundancia del recurso. En cuanto a la distribución de la población, un 75% habita zonas húmedas y un 25% zonas áridas. A pesar de que existe una heterogeneidad muy grande en la distribución del recurso, las poblaciones de Buenos Aires, Gran Buenos Aires, Santa Fe y Mesopotamia, tienen realmente mucha agua.
Sin embargo, tener una posición privilegiada en cuanto a la disposición del recurso, no significa que todo el mundo tenga acceso a agua potable, a pesar de los intentos internacionales de trabajar estos temas; como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de Mar del Plata, las declaraciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Si bien se ha ido avanzando, resta mucho por hacer en cuanto al acceso al agua potable y al saneamiento.
En líneas generales, tenemos agua de red de calidad potable en las ciudades. La dificultad se da en las poblaciones rurales aisladas. Provincias como Santiago del Estero, enfrentan problemas de calidad y de cantidad de agua de magnitud.

¿Cuál es el aporte que pueden realizar la ciencia y la tecnología en este contexto?

Desde el campo de la ciencia y la tecnología, se ha generado mucho conocimiento, sobre todo en el tema del arsénico, y se han desarrollado métodos de saneamiento y de potabilización del agua. El tema es aplicarlos y gestionarlos, especialmente en las poblaciones más vulnerables que son las rurales dispersas, y las zonas periféricas de los núcleos urbanos, donde se van generando los asentamientos.
En relación a la calidad del agua, encontramos dos tipos de contaminación: la contaminación microbiológica y la contaminación química. La microbiológica refiere a la presencia de bacterias y virus en el agua, por lo cual se requieren tratamientos de potabilización. El método normalmente utilizado es el de aplicación de cloro, que es el que se utiliza para abastecer una población como la de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, y es un método económico.
La contaminación química, por otra parte, depende de la cantidad de un tóxico particular que una persona ingiere al beber agua contaminada. En general se trata de un proceso de largo plazo, como consecuencia de la ingesta continua de cierto tóxico, durante muchos años de la vida.


Hoja de ruta

Alicia Fernández Cirelli es Profesora Titular Plenaria de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e Investigadora Superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Es Doctora en Ciencias Químicas por la UBA y ha realizado estudios posdoctorales en la Universidad de Dusseldorf y la Universidad de Munster, en Alemania. Actualmente, es directora del Instituto de Investigaciones en Producción Animal (INPA), del Centro de Estudios Transdisciplinarios del Agua (CETA) de la Maestría en Gestión del Agua (UBA), coordinadora del Comité Académico de Aguas de la Asociación Universidades Grupo Montevideo (AUGM), y miembro del Comité Asesor Científico del Interamerican Institute of Global Change Research (IAI), y miembro del consejo directivo de la Sociedad Latinoamericana de Química y Toxicología Ambiental (SETAC LA). Publicó más de 150 trabajos científicos originales en revistas nacionales e internacionales, 45 libros y más de 70 capítulos de libros.


Para los próximos años se prevé un aumento de la población, en especial en áreas urbanas, que traerá aparejada una mayor demanda de agua y de servicios de saneamiento. ¿Cómo se logra una gestión integrada del agua que promueva un uso eficiente del recurso y sea socialmente equitativa?

Este fenómeno asociado a una mayor demanda de agua no está solamente relacionado con el crecimiento demográfico. El consumo de agua ha aumentado mucho dada la mejora de los estándares de calidad de vida; por ejemplo, ahora hay lavaplatos que usan más agua que cuando se lavaba a mano los platos. Hay que insistir mucho, como en todos los temas ambientales, en el enfoque interdisciplinario. Se puede hablar de calidad y cantidad de agua, del uso que se da en la agricultura, que para producir 1 kilogramo de carne vacuna, se necesitan aproximadamente 15 litros de agua.
El agua es un recurso finito. Es renovable a través del ciclo del agua, pero también se contamina. La Ciudad de Buenos Aires vierte sus aguas servidas al mismo Río de La Plata. En general se toma el agua aguas arriba y se la vierte aguas abajo, y luego hay siempre una ciudad que toma agua de donde otra ha vertido. Es decir, el mismo lugar donde van las aguas servidas puede ser fuente de agua después, para otra población. Eso ya implica que la fuente de agua va a tener más contaminantes e impone ajustar más los métodos de depuración de agua para controlar la calidad del agua. Así, por ejemplo, están los llamados “contaminantes emergentes”, como los plaguicidas o los fármacos, que no están previstos en los tratamientos convencionales de potabilización. Si bien la concentración en los cuerpos de agua de este tipo de sustancia es muy baja, no está previsto el tratamiento para retenerlas. Los países europeos están empezando a legislar sobre este tema de los fármacos.

Además de contar con una amplia trayectoria académica especializada en el tema agua usted ha desempeñado importantes cargos de gestión en el campo científico-tecnológico. En base a su experiencia personal, ¿Cuáles son las principales potencialidades, dificultades y desafíos para una gestión integrada y sustentable del agua en Argentina que deben considerar las interfaces que vinculan ciencia, política y gestión?

Considero que hay que generar conciencia sobre estos temas. El habitante del Río de la Plata mira al río y piensa que el agua no escasea, pero a medida que la contaminación avanza es cada vez más difícil sostener un nivel de calidad aceptable para el consumo. Además, debemos pensar sobre el uso que le damos, ¿tiene sentido lavar un automóvil con agua apta para el consumo humano? No. Pero tenemos una sola cañería cuando lo ideal sería tener dos cañerías o usar aguas grises.
Necesitamos educación para poder enfrentar estos temas. En eso los niños ya tienen más conciencia de cerrar la canilla, tienen más conciencia ambiental. Es una cuestión fundamental al igual que la gestión. El tema agua requiere de un abordaje donde se necesita de la intervención de varias disciplinas. Por eso desarrollé el Centro de Estudios Transdisciplinarios del Agua (CETA), que sigue funcionando, dirigido al sector que va a gestionar el recurso agua para entender y abordar sus desafíos desde diferentes perfiles profesionales.
Allí se comparten e intercambian experiencias diversas con gestores, con comités de cuencas, y con distintos niveles de gestión. Esto resulta sumamente útil para pensar cómo le llega a la gente lo que generamos desde el sistema científico, porque, en general, estamos acostumbrados a escribir papers, a comunicarnos dentro de nuestro mundo, pero estos temas hay que enfocarlos entre varias disciplinas y compartir conocimientos para lograr una gestión eficiente del recurso.

En nuestro país el 70% del consumo de agua dulce se emplea en el sector agropecuario. ¿Qué mecanismos se pueden implementar para favorecer una gestión eficiente de los recursos hídricos que posibilite el desarrollo de esta actividad productiva, y a la vez, sea ambientalmente sostenible?

Podríamos tratar de tener un uso más eficiente del agua para agricultura. Dado que la mayor parte de nuestra agricultura se desarrolla en zona húmeda, no se usa tanto riego. Sin embargo, habría que transitar hacia sistemas más eficientes de riego por goteo, sistemas que están más desarrollados en las zonas áridas. Hay países que optan por otras políticas, prefieren no gastar su agua e importarla, porque por ejemplo, cuando importan soja están importando al mismo tiempo agua que se usa para su producción. Ese es un tema de políticas económicas. Al ser agroexportador, muchas de las actividades de nuestro país incluyen necesariamente la exportación de agua.

En la Argentina uno de los contaminantes más comunes que afecta al agua para consumo es el arsénico, lo cual genera un importante problema sanitario que afecta a extensas regiones del país. ¿Cuáles son las principales variables ambientales, sociales y económicas que deben considerarse a la hora de abordar e intervenir esta problemática?


La llanura Chaco-Pampeana es la planicie más extensa en cuanto a superficie del mundo con agua contaminada naturalmente por arsénico, a partir de orígenes volcánicos.
Es clave preservar la salud pública. Hay estudios realizados sobre enfermedades crónicas y afecciones en la piel como el Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE). No hay demasiados datos en salud pública porque a veces no se registran los casos, pero es un tema preocupante. Tenemos métodos para tratar el arsénico en agua; el más eficiente es el de ósmosis inversa, que tiene sentido hacerlo cuando se tiene una población grande.
Este método retiene el arsénico pero lo concentra, entonces luego hay que resolver qué hacer con el agua con arsénico que queda y, en algunos casos, se vuelve a tirar al cuerpo de agua.
Luego hay métodos de absorción, por ejemplo con arcilla, que pueden usarse en filtros de agua para poblaciones aisladas. Es decir, hay mucha metodología desarrollada, que luego hay que poner en práctica. Por ejemplo, Santiago del Estero tiene pequeñas poblaciones aisladas con grandes problemas de acceso al agua, por escasez, y de contaminación de agua con arsénico, con lo cual ahí sí es necesario el tratamiento. Allí se utilizan métodos como la colecta de agua de lluvia, pero es un tema de salud preocupante que está en la agenda del mundo científico y requiere de un esfuerzo importante en materia de coordinación de la ciencia, la política y la gestión, para poder implementar soluciones concretas que mejoren la calidad de vida de la gente.



*Integrante del Programa de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo Sustentable (CITIDES). Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.
PRODUCIDO POR LA DIRECCIÓN GENERAL DE PRENSA Y COMUNICACIÓN DEL MINISTERIO DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN PRODUCTIVA.