ENTREVISTAS
  10-05-2019
ENTREVISTA AL DR. RUBÉN QUINTANA

“Necesitamos de manera urgente una ley de humedales y una política de ordenamiento ambiental del territorio”

Rubén Quintana es docente, investigador y coordinador científico de la Comisión Asesora sobre la Biodiversidad y Sustentabilidad (CAByS) que asesora al Programa de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo Sustentable (CITIDES). En este encuentro conversamos sobre la necesidad de contar con un inventario de humedales y de promover políticas de ordenamiento ambiental territorial que puedan poner en valor y preservar estos ecosistemas de gran relevancia para la sociedad y el ambiente.

Por Mora Laiño*

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El Dr. Rubén Quintana


¿Qué es un humedal y cuál es su relevancia a nivel social?

Un humedal es un tipo muy particular de ecosistema, que no es ni terrestre ni acuático. Tiene propiedades que lo hacen diferente. Básicamente lo que define su estructura y su funcionamiento es la dependencia que tienen del régimen hidrológico, el agua. Eso los hace únicos y particulares, y se los reconoce como ecosistemas críticos para la sociedad.

¿Qué roles cumplen los humedales como proveedores de bienes y servicios ecosistémicos? ¿Qué vinculación tienen con las transformaciones actuales?

Los humedales se encuentran entre los ecosistemas que más servicios ofrecen a la sociedad. Algunos servicios son realmente importantes como la purificación del agua, la amortización de las inundaciones y el secuestro de carbono. Son los ecosistemas que más carbono secuestran en el planeta. Se ha calculado que los humedales aportan el 40 % de todos los bienes y servicios que ofrecen todos los ecosistemas del planeta pero, lamentablemente, no son percibidos de esta manera. Por el contrario, se los ha asociado a lugares improductivos desde el punto de vista de la agricultura, por ejemplo, o se los ha considerado como lugares donde se crían plagas, como los mosquitos. Cuando se transforma un humedal se modifica el régimen hidrológico, y esos bienes y servicios que antes podía brindar, se pierden.

En Argentina no hay actualmente una ley de humedales. Se presentaron dos proyectos de ley que fueron votados favorablemente en el Senado, pero que luego perdieron estado parlamentario en la Cámara de Diputados. Por otra parte, hay una importante discusión sobre qué es un humedal ya que dependiendo la definición que se adopte, se incluyen diferentes tipos de ambientes. Por ejemplo, la definición de la Convención Ramsar, a la cual nuestro país adhiere, es enumerativa y orientada a la gestión, por lo que incluye ecosistemas que desde el punto de vista científico, son acuáticos. Es por eso que para llevar a cabo un inventario de humedales de nuestro país es importante acordar una definición operativa basada en conceptos científicos.
Desde 1990 a la actualidad han ocurrido muchas transformaciones en los humedales, principalmente por el avance de la frontera agrícola, por la intensificación de la ganadería y por las urbanizaciones. La Cuenca del Luján es un ejemplo paradigmático de transformación de un área de humedales que agudizó el problema de las inundaciones en los núcleos urbanos cercanos, ya que éstos servían como amortiguadores de excedentes hídricos. Este proceso se agrava por los efectos del cambio climático y la mayor ocurrencia de eventos extremos; llueve mucho en poco tiempo y, como no están esos humedales, el agua termina en los cascos urbanos o en los barrios que no tienen los recursos para hacer defensas como sí tienen las urbanizaciones cerradas de alto poder adquisitivo.
Por su parte, otros humedales se encuentran afectados por otras problemáticas como es el caso de los salares de altura que se encuentran impactados por actividades mineras. Además, muchos humedales son afectados por un proceso que se conoce como “pampeanización”, que implica su transformación en un ecosistema terrestre para diferentes usos como pastizales ganaderos y bosques implantados de álamos y sauces. Esto es muy grave porque los modifican drásticamente, perdiendo su integridad y la posibilidad de brindar bienes y servicios. En un trabajo en el que participé para el bajo delta del Paraná se estimó que, entre 1994 y finales de la primera década del 2000, se perdieron 88.000 hectáreas de humedales. Esto ha generado conflictos sociales porque el que puede hace un dique para evitar inundarse y el que no puede, se inunda. Entonces yo me preguntó si tenemos que llegar a ese punto, para después volver atrás, con una inversión enorme, o sería más lógico un ordenamiento ambiental territorial que permita mantener el funcionamiento de los humedales.

Hoja de ruta

Rubén Quintana es Doctor en Ciencias Biológicas por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Ha realizado estancias posdoctorales en la Universidad de Harvard y de Valencia. Es Investigador Principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y ejerce la docencia en el Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental (3iA) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Actualmente es director regular de la Unidad Ejecutora IIIA, CONICET-UNSAM. Sus áreas de especialización se vinculan con la ecología regional y del paisaje, la ecología de humedales, los cambios de uso del suelo, y el manejo y conservación de fauna silvestre y sus hábitats. Ha sido reconocido a través de numerosos premios y distinciones, ha liderado proyectos de investigación, ha investigado y ejercido la docencia en centros académicos en el exterior y cuenta con 109 publicaciones. Actualmente es presidente de la Fundación Humedales/Wetlands International.



¿Cuáles son los principales desafíos que implican para la investigación las problemáticas asociadas a la degradación de los humedales?

Diría que hay que tratar el problema a dos niveles; por un lado, la generación de conocimiento de base científica, a partir de los trabajos que hacen los distintos grupos en los humedales de todo el país. Esto implica generar información de base que es fundamental para entender cómo funcionan y en qué situación se encuentran estos ecosistemas. Eso ahora está cambiando, hay muchos grupos que están trabajando en la generación de conocimiento sobre los humedales que aportan a su conservación y uso sustentable, teniendo en cuenta, además, que el término “humedales” es relativamente nuevo en la sociedad. Hace 20 o 30 años nadie hablaba de humedales. Por eso es fundamental el rol de los científicos para promover una mayor difusión de conocimiento hacia la sociedad. Es importante que las personas comprendan que no tienen un pantano infecto cerca de su casa, sino algo muy valioso que no hay que destruir ni transformar. En este sentido, ha habido un avance importante, junto a organizaciones de la sociedad civil que están participando.

Personalmente, participo en la “Fundación Humedales” cuyo foco está centrado en incidir en la sociedad, incluso desde el punto de vista político, para que la gente comprenda la importancia de su preservación. Creo entonces que es importante, no solo generar conocimiento de base sino transferir esa información para que la sociedad lo comprenda y lo defienda. Ese creo que es el gran desafío actualmente.

¿Cómo describiría la trayectoria de la Argentina en lo referido al abordaje de estas problemáticas desde que Ud. comenzó sus estudios sobre humedales en 1986 hasta la actualidad?

Tuve la suerte de estar en un grupo en la Universidad de Buenos Aires (Facultad de Ciencias Exactas y Naturales), liderado por la Dra. Inés Malvárez, una de las pioneras en considerar a los humedales como ecosistemas particulares en la Argentina. El tema se fue incorporando a las investigaciones académicas, conformando el Grupo de Investigaciones en Ecología de Humedales (GIEH).

A veces los cambios también suceden accidentalmente, como ocurrió en la zona del Delta en 2008, cuando por los incendios que sucedieron ahí llegaron las partículas hasta la Ciudad de Buenos Aires, y tuvimos varios días con una neblina intensa. A partir de ese momento, el gobierno nacional articuló con los provinciales para la creación de un plan estratégico para el Delta, en el que intervenían las tres provincias que tenían injerencia en el territorio, Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe. Esto fue interesante porque, por primera vez, se pensó en un territorio a partir de límites ecológicos y no límites políticos. Es interesante para pensar, que esos límites políticos no son útiles a la hora de gestionar áreas y recursos. Actualmente, hay un avance en el reconocimiento de la importancia de los humedales y de la generación de conocimiento, pero desde lo político no se está avanzando en ese sentido.

Ante el avance de la frontera agropecuaria asociada al uso creciente de agroquímicos, la expansión de proyectos de desarrollo inmobiliario y los cambios en los procesos de urbanización que afectan este tipo de territorios: ¿Qué tipo de estrategias podrían incidir en el diseño de políticas públicas destinadas a su conservación?

Fundamentalmente una política de ordenamiento ambiental territorial y un inventario de humedales para conocer qué tipo de humedales tenemos en el país, dónde están ubicados y en qué estado de conservación se encuentran. Estamos trabajando con la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, desde fines de la década de 1990, sobre la generación del inventario que podría avanzar independientemente de la Ley. Como país adherimos a la Convención Internacional sobre los Humedales, conocida como la Convención de Ramsar, que pone el foco en la importancia de los humedales como ecosistemas para la sociedad. Dicha Convención insta a las partes contratantes a cumplir con el inventario. Si bien se ha avanzado en delimitar las grandes regiones de humedales del país, lo que sería un primer nivel de inventario, y tenemos también la delimitación de los paisajes de humedales del corredor Paraná-Paraguay, lo ideal sería poder completar este segundo nivel y luego pasar a los niveles de mayor detalle que son los más complejos por la escala del trabajo.

Se estima que, desde 1970 a la actualidad, se ha perdido o degradado entre un 65% y un 74% de los humedales a nivel mundial en un proceso de continua presión sobre los recursos naturales. Antes un escenario global de mayor demanda de producción de alimentos, ¿cómo se logra un balance entre la sostenibilidad de los servicios ecosistémicos y el incremento de las actividades agropecuarias?

Insisto con la importancia de contar con un ordenamiento ambiental y con la aplicación de prácticas ambientalmente sustentables. En estos momentos estamos avanzando en mejorar las prácticas ganaderas que se realizan en los humedales. No se puede hacer ganadería en un humedal transformándolo hidrológicamente para la producción hasta convertirlo en una “pampa”. En Argentina tuvimos un fenómeno muy particular sobre todo desde la década de 1990, vinculado al desplazamiento de la ganadería por la “sojización” de la región central del país; grandes extensiones de tierra que eran de pastoreo se destinaron al monocultivo de soja, desplazando parte de esa fracción ganadera a zonas más marginales para la agricultura como los humedales. Nadie está en contra de que se hagan actividades productivas en los humedales pero se deben hacer de manera inteligente. Si dejamos que este proceso avance así, sin ningún tipo de criterio, vamos a terminar destruyendo los humedales y eso va a tener un impacto muy fuerte sobre la sociedad.

¿Cuál sería el peor de los pronósticos y cuál el más optimista en relación al futuro de los humedales en Argentina?

El peor escenario sería el que está ocurriendo actualmente, dejar que se siga avanzando de esta manera y con este nivel de degradación. Que los humedales fluviales, por ejemplo, se transformen en zonas productivas o en zonas urbanizadas. El mejor escenario sería que tuviéramos una ley de humedales y que fuese efectiva. Lamentablemente, en la medida en que no haya un ordenamiento, este fenómeno se va a profundizar.



* Integrante del Programa de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo Sustentable (CITIDES). Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación.
PRODUCIDO POR LA DIRECCIÓN DE PRENSA Y COMUNICACIÓN DE LA SECRETARÍA DE GOBIERNO DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN PRODUCTIVA.