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  23-11-2019
CoSensores: investigación científica aplicada a la demanda del territorio

“Nos corremos del lugar de ser la ciencia que trae la solución para poner a la comunidad en un rol protagónico”

CoSensores es un grupo de investigadores y estudiantes que trabaja junto a diferentes comunidades en el desarrollo de herramientas para detectar contaminantes en el agua. El objetivo principal es que las comunidades organizadas en torno de una problemática puedan decidir qué hacen con esa información y cómo se organizan para encontrar una solución.

Por Dolores Yañez*

Verónica Nercesian


Los investigadores Ignacio Borón y Estefanía Piegari son fundadores del proyecto de sensores comunitarios, “CoSensores”, que surgió en 2013 como un grupo de extensión de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En esta entrevista dialogaron sobre el largo camino recorrido junto a diferentes organizaciones sociales del país que se enfrentan a problemáticas ambientales, como el Movimiento Campesino de Santiago del Estero-Vía Campesina (MOCASE-VC); o Ecos de Saladillo, en la provincia de Buenos Aires, entre otras.

¿Cómo surgió el proyecto y cómo está conformado el equipo de trabajo?

El grupo surgió por iniciativa de les estudiantes y graduades de Ciencias Naturales preocupades por sentir que aprendíamos cosas que no se aplicaban en la comunidad. Entonces nos propusimos hacer investigación que responda a la demanda de lo que pasa en el territorio.

En la FCEyN había experiencias previas que repensaban un poco la Extensión desde una mirada de coproducción del conocimiento, planteando el trabajo con organizaciones sociales de ida y vuelta, y no simplemente como la universidad extendiéndose sobre el territorio. Entendemos que como profesionales o integrantes de la academia podemos modificarnos a partir de esa interacción y que en una investigación podemos incluir también los saberes locales.

La idea fundamental de CoSensores es la de desarrollar sensores para relevar contaminantes, que sean accesibles en sentido amplio con el objetivo de que las comunidades conozcan y puedan apropiarse de su funcionamiento. Las decisiones se toman con la comunidad a través del diálogo.

Cuando empezamos a pensar dónde trabajar y con qué herramienta, nos acercamos a espacios de asambleas para ver que problemáticas surgían. Así llegamos al MOCASE que trabaja con dos temas fundamentales de toxicidad en el agua: el arsénico, que es de origen natural, y los agroquímicos, crecientemente utilizados por el actual modelo productivo donde predomina el avance de la soja. Ellos consideraron prioritario detectar contaminación por agroquímicos.

La conformación inicial de CoSensores fue con biólogos, químicos, computadores, todos de la FCEyN. Después se sumaron estudiantes y graduades de otras facultades como Agronomía, y Diseño y Urbanismo. La interdisciplina es fundamental, el grupo es muy dinámico y el número de participantes activos varía en el tiempo.

¿En qué consiste el proyecto de “CoSensores” y a la resolución de qué problemas aporta?

Cuando desde el MOCASE decidieron avanzar con la problemática de los agroquímicos comenzó la búsqueda de la herramienta más apropiada. Lo que encontramos fue a la Doctora Ángela Juárez trabajando con algas sensibles a agroquímicos o a distintos contaminantes como metales, a través de ensayos de toxicidad que se hacen en laboratorios y permiten evaluar la respuesta del alga al contaminante.

El hecho de que un alga que tiene que desarrollarse en determinado ecosistema no lo haga, implica de mínima un desequilibrio que afecta a todo el entorno y también a las personas. No es una herramienta concluyente por sí sola pero nos lleva a problematizar en el contexto comunitario que ninguna herramienta nos da por sí sola la verdad última. La realidad es que importa no solo la herramienta, sino también el criterio con que se aplica, y cómo lo pones a dialogar con el resto de la información con la que se cuenta o con otras técnicas. Por ejemplo, puede ser que el impacto del glifosato no lo encuentres en el agua pero sí en el sedimento.

Es muy diferente salir al territorio para ver qué herramienta están necesitando que imponer la herramienta que uno maneja. Los primeros años estuvimos enfocades en los biosensores basados en algas que son muy útiles porque son de amplio espectro. Este último año aparecieron muchas herramientas basadas en Arduino, un colorímetro que permite cuantificar el resultado del bioensayo. De a poco fuimos sumando técnicas. La idea es trabajar con herramientas libres y fáciles de interpretar.

El biosensor consiste en un dispositivo pensado para usarlo de manera comunitaria, no es un kit para usar individualmente en el domicilio. Esto es fundamental, es lo que lo diferencia de muchos otros proyectos de ciencia ciudadana que plantean soluciones individuales que quedan en un número. La finalidad de CoSensores es entender la calidad del agua y el impacto de lo que pasa en nuestro ambiente y en nuestra salud. Posteriormente, como comunidad hay que ver qué hacer con esa información y cómo organizarse para encontrar una solución. El objetivo es generar interrogantes del tipo: ¿qué hacemos con esta información? ¿A quién le reclamamos? ¿Cómo nos organizamos?

¿Cómo es la organización interna de CoSensores?

Siempre trabajamos de forma horizontal, sin la figura de un Director, más allá de que muchas veces para presentarnos a subsidios o dar charlas siempre tiene que haber alguno que figure como representante. Tratamos de ir rotando esos roles, de dividir las tareas. A veces en la práctica algunos tienen más facilidades por el lugar donde trabajan, por ejemplo. Al principio eso era más fácil porque el punto de partida era el mismo para todos los integrantes. A medida que se fue sumando más gente, muchos años después, eso se hizo más difícil pero siempre con la idea de que todos podemos opinar y discutir sobre qué queremos hacer con esta herramienta.

El grupo inicial atravesó un proceso de crecimiento, de ciertos cambios de lógicas, de las cuales no siempre fuimos conscientes y cuando llega alguien que se suma, vemos el contraste con lo que propone la academia. Nuestra propia experiencia de organización interna y la interacción con las comunidades nos ha aportado una formación transformadora que es intransferible.

Lo que hacemos es trabajo no remunerado y no en todos los casos está integrado con los temas de investigación que realizamos. Inicialmente nos propusimos que este tipo de abordaje, de trabajo con la comunidad, fuera una forma de hacer investigación considerada dentro del ámbito académico. Institucionalmente estamos por fuera de todo. Surgimos como un grupo de investigación y la universidad le dio lugar como proyecto de Extensión en la FCEyN, gracias a eso recibió subsidios de la UBA y del entonces Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación (MINCyT). Estamos siempre dialogando entre lo que el grupo se propone con sus objetivos y su autonomía y los espacios que la academia ofrece. Actualmente, trabajamos en el marco del voluntariado de Extensión de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), un espacio que nos sirvió para convocar, dar visibilidad al proyecto y darle un lugar institucional a muchas cosas.

Nosotres aplicamos a subsidios tanto como proyecto de extensión, investigación y docencia. Tratamos de movernos entre esas tres patas que tiene la universidad integrando y aportando desde lo que hacemos para que las personas que están en el grupo puedan avanzar en el ámbito universitario y se le reconozcan antecedentes. No es fácil pero nos da buenos resultados.

¿Quiénes son los actores con los que interactúan en el marco de este proyecto y para qué fines?

Nuestro trabajo está siempre ligado al territorio. Además de la experiencia con el MOCASE, trabajamos con otras organizaciones como Ecos de Saladillo que es una organización asamblearia que trabaja en torno a las problemáticas socioambientales. Principalmente son productores agroecológicos y docentes con los que trabajamos en otros proyectos de capacitación, como la visibilización de la laguna Indio Muerto para declararla paisaje protegido. Con elles logramos nuestro mayor objetivo: que la comunidad pueda manejar la herramienta de forma autónoma.

También hemos tenido otras experiencias en la provincia de Buenos Aires en el Delta de Tigre, en General Las Heras y Cuenca del Río Luján. Y con el voluntariado de Extensión de la UNSAM hemos empezado a trabajar más en el conurbano como, por ejemplo, en la costa de Vicente López.

¿Cuáles fueron los aprendizajes y dificultades que presentó la gestión de este proyecto?

Estamos formados con la idea de que desde la ciencia tenés que dar un resultado definitivo y poder desarmar eso es todo un desafío. El aprendizaje pasa por entender que no vas a ir a la comunidad con una respuesta clara, porque no la tenés. Vas a ir con tu conocimiento para construir una interpretación en conjunto. Aprendimos que la herramienta es de por sí un resultado, algo que le aporta a la comunidad para su autonomía. La experiencia de organizarse en torno a la problemática ya es un resultado o un logro en sí mismo. Muchas veces seguimos teniendo esa presión de tener que decir algo contundente pero de a poco vamos aprendiendo que lo importante es plantear las cosas, presentar hipótesis y preguntas que nos llevan a trabajar de manera organizada con la comunidad. Por ejemplo, solicitar al Estado para que controle irregularidades como pasó con Vicente López cuando interpretamos que podía haber descargas ilegales de aguas negras en la costa.

Para nosotres es correrse del lugar del científico que trae la solución, del científico que genera datos para que los tomadores de decisiones resuelvan y, en cambio, poner a la comunidad en un rol protagónico, desde la construcción de su autonomía y desde la acción. Por eso trabajamos con comunidades organizadas que ya tienen un horizonte, que están paradas en un lugar que no es el de la pasividad. Es estar al servicio de la salida que está viendo esa comunidad.

También es un aprendizaje permanente lo vincular dentro de la organización y desde el grupo con el espacio académico. Compatibilizar los tiempos de la academia con los tiempos del territorio es una dificultad importante, la academia tiene deadlines que no coinciden con los tiempos de la organización comunitaria porque son muchos más lentos. Eso a veces hace que los procesos no se puedan plasmar en las presentaciones o en trabajos académicos.

¿Cómo piensa el equipo de trabajo el rol de las actividades que desempeñan en el marco del desarrollo socioeconómico y ambiental del país? ¿Qué consideran ha funcionado y qué aspectos deberían repensarse en este sentido?

Aporta a visibilizar las problemáticas ambientales, cuestionar el modo productivo y su impacto en la salud, en el ambiente, en la cotidianidad. La herramienta está puesta a disposición para acompañar y dar discusiones. De ahí su contribución al desarrollo socieconómico y ambiental del país. Igual es una respuesta que está abierta y cada miembre de este equipo y de las comunidades con las que trabajamos, pueden llegar a responder de manera diferente. Puede haber tantas respuestas como personas involucradas dentro del equipo.

Frente a la mirada apocalíptica del cambio climático que depende de las decisiones de los Estados, este proyecto demuestra que estas experiencias diversas, que son micro, y que en general pasan desapercibidas, están generando una alternativa al agro-negocio. Por ejemplo, los Encuentros de los Pueblos Fumigados hicieron un gran cambio. Se realizan hace diez años pero en los últimos tres, la convocatoria fue “Encuentros de Pueblos Fumigados y Agroecología”. Esto demuestra que han pasado de la denuncia a la propuesta. Se está construyendo una alternativa y como científicos tenemos que acompañarla.

Hoja de ruta

CoSensores trabaja con comunidades organizadas en torno de las problemáticas socioambientales, planteando y respondiendo las preguntas que contribuyan a su resolución. Puntualmente, desarrolla métodos para que las propias comunidades puedan evaluar la presencia de contaminantes de forma sencilla y económica, que contribuyan a encarar procesos reivindicativos o acciones que lleven a mejoras concretas en la calidad de vida de alguna población. Para conocer más sobre el proyecto: cosensores.pvd@gmail.com.












* Integrante del Programa de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo Sustentable (CITIDES). Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación.
PRODUCIDO POR LA DIRECCIÓN DE PRENSA Y COMUNICACIÓN DE LA SECRETARÍA DE GOBIERNO DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN PRODUCTIVA.