NOVEDADES
  15-08-2019
Artículo

Narrativas y estrategias colectivas para visibilizar la emergencia climática

Ante un escenario de crisis climática irreversible, múltiples movilizaciones juveniles y narrativas poderosas se expanden a lo largo del planeta buscando sacudir las esferas del poder político para salir del letargo y entrar finalmente en acción.

Por Mora Laiño*

Foto
Gentileza: Extinction Rebellion Argentina


Son las 5 de la tarde de un viernes invernal en Buenos Aires. María y Clara no parecen notar el viento frío que se siente filoso y punzante en la Plaza del Congreso de la Nación. Juntas escriben sobre un cartón recuperado “Estamos en emergencia climática”. Ellas, junto con otrxs tantxs jóvenes que promedian los 20 años, se juntan cada viernes para reclamar una acción urgente y necesaria. Demandan respuestas por el futuro de la humanidad y el planeta ante un pronóstico que se sabe incierto, pero con un escenario de daños irremediables y catastróficos.

#FridaysForFuture le da nombre al movimiento por el clima inspirado en Greta Thunberg, la joven sueca de 16 años que, en agosto del año pasado, inició una huelga escolar frente al parlamento de Estocolmo para exigir a sus gobernantes que tomen medidas concretas para frenar la crisis climática. Todo bajo la mirada desconfiada de cierto sector que sostiene que la adolescente es un flamante producto del marketing verde o una práctica sostenida de greenwashing.

Lo cierto es que la joven se ha parado frente a jefes de Estado sosteniendo que el cambio tiene que ser colectivo, que no hay ya más tiempo, y que la mayor responsabilidad recae sobre “las corporaciones y los Estados”.

La versión local de este movimiento, que se extendió por otros países del mundo como Chile, Estados Unidos, España, Italia, Finlandia, Australia, Kenia y hasta la India, reúne cada viernes a jóvenes que ponen el cuerpo en las calles en un grito desesperado; el que exige sinceramiento y acción. Con mensajes alejados de eufemismos, metáforas o frases esperanzadoras. Palabras que nacen del lenguaje de la urgencia.

La evidencia empírica es reveladora, robusta y goza de consenso científico. Los datos indican que nos estamos encaminando hacia un aumento de la temperatura de la tierra de 3 o 4 grados centígrados, respecto de la etapa preindustrial. Muestra que solo tenemos 10 años para intentar revertir esta tendencia y que sus impactos ya son devastadores: el primer glaciar que desaparece en Islandia; 1 millón de especies, animales y plantas, atraviesan un proceso acelerado hacia la extinción y; en este marco, la proximidad de experimentar la sexta extinción masiva de especies en la historia del planeta, causada paradójicamente por una especie, la humana.

Todos síntomas de una verdadera amenaza mundial, cristalizados en escenarios difíciles de revertir si se sostiene el actual sistema de producción y de consumo basado en la quema de combustibles fósiles, la deforestación, la explotación y el extractivismo.

Una emergencia climática cargada de un contenido social que también nos reclama. Refugiados climáticos y migraciones forzosas, exacerbación de las desigualdades de género, pobreza extrema, impacto sobre los derechos humanos básicos como la alimentación, el acceso al agua, y afectaciones sobre la salud por el uso de pesticidas, entre otras tantas consecuencias.

Una crisis que es del orden del sistema, se manifiesta en su relación con la naturaleza, y está acompañada por grietas y fisuras desde donde emergen algunas luces.

La inclusión de lxs jóvenes en el debate ambiental público fue uno de los temas abordados transversalmente durante el seminario “Diálogos virtuales sobre cambio climático”, organizado por la Fundación Avina y la red de comunicación en cambio climático para América Latina y el Caribe, LatinClima. Durante 5 encuentros virtuales, desarrollados entre abril y mayo de este año, periodistas y comunicadorxs de América Latina intercambiaron experiencias y conocimientos junto a expertxs en cambio climático y sus interrelaciones complejas.

Extinction Rebellion” es otro movimiento de “desobediencia civil pacífica por el clima” que se apropió del concepto “emergencia climática” para llenarlo de sentido de protesta. La organización nació en Reino Unido, pero ya se ha extendido a diversos países con el objetivo de realizar intervenciones públicas bajo dos demandas principales hacia lxs gobernantes; decir la verdad, declarar la emergencia ecológica y climática; y actuar ya, porque el problema es de carácter sistémico y urgente. Un movimiento que busca humanizar la problemática y alertar sobre la necesidad de cambiar un paradigma social y económico que está al borde del colapso.

Las demandas de estos movimientos han logrado permear en las representaciones parlamentarias de algunos países. El Parlamento británico fue el primero en declarar la “emergencia ecológica y climática” el 1º de mayo. En Argentina sucedió lo mismo en julio pasado.

La performatividad de este conjunto de acciones se refuerza con un giro en el uso del lenguaje que exige también la emergencia. Ya no es suficiente hablar de “cambio climático” porque remite a un fenómeno lento, pasivo y de origen natural. Decir, en cambio, que estamos ante una “crisis” o una “emergencia” climática, interpela de manera más urgente y activa.

Siguiendo este camino es que el diario inglés The Guardian anunció que cambiaría su manual de estilo para describir mejor la magnitud de la catástrofe: en lugar de “climate change” (cambio climático), emplearía “climate emergency, crisis or breakdown” (emergencia climática, crisis climática o colapso climático); en lugar de “global warming” (calentamiento global) hablaría de “global heating” (que se interpreta como algo más caliente que “warming”). Además, manifestó que el tratamiento de la crisis climática debería tener la relevancia de una guerra mundial, en relación a la responsabilidad de los medios de advertir sobre las consecuencias que ya enfrenta la humanidad.

Nuevas categorías de percepción y categorización del fenómeno para evitar que acabe invisible y cotidiano de tan adormecido. Buscando que la astucia lingüística y las estrategias colectivas tengan un correlato en las decisiones que se juegan en la esfera política y que, finalmente, incidan en la arena pública. Espacios de disputa por lo simbólico que se tejen en la fuerza de la lucha colectiva, en el hacer en común, en contraposición con las estructuras estancas del poder y su manejo sobre los territorios y los bienes de la naturaleza.

Greta simboliza una resistencia blanca, occidental y de clase media que viene a llamarle la atención a una matriz de pensamiento blanca, occidental y de clase media. Aquella que nos ha traído hasta aquí bajo un discurso hegemónico basado en la pretensión de la civilización y la falsa apuesta a un desarrollo tecnológico ilimitado, neutral y sin consecuencias. De ahí que en las manifestaciones de estas minorías se lea también una crítica hacia el modo occidental de relacionamiento con la naturaleza basado en la escisión con lo humano. Hacia un modelo de producción y de consumo que ya es insostenible. Una intervención que no se reclama únicamente sobre el ambiente sino sobre el sistema, sus lógicas, y sus modos de habitar.



*Integrante del Programa de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo Sustentable (CITIDES). Secretaría de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación.
PRODUCIDO POR LA DIRECCIÓN DE PRENSA Y COMUNICACIÓN DE LA SECRETARÍA DE GOBIERNO DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN PRODUCTIVA.