ENTREVISTAS
  27-02-2018
ENTREVISTA A LA INVESTIGADORA ELENA ABRAHAM

“Las tierras secas tienen una capacidad muy importante para reducir la incertidumbre global ante el cambio climático”

Elena Abraham es Directora del Centro Científico Tecnológico (CCT) del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Mendoza y lidera un grupo interdisciplinario de investigación, ordenamiento y gestión de las tierras secas afectadas por la desertificación. Trabaja en el desarrollo de enfoques y metodologías integradas, participativas y multiescalares para la evaluación de la desertificación/degradación de tierras y en la generación de estrategias de desarrollo local para combatir la desertificación y facilitar la adaptación al cambio climático en poblaciones del desierto del Monte.

Por Dolores Yañez*

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Abraham integra la Comisión Asesora sobre la Biodiversidad y Sustentabilidad (CAByS) que asesora al Programa de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo Sustentable (CITIDES) y a la Secretaría de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva del MINCyT, en asuntos referidos a la conservación y la utilización de los componentes de la diversidad biológica.

-Usted ha desarrollado una extensa carrera académica en el ámbito de la investigación y la gestión de instituciones de ciencia y tecnología en Argentina. A su vez, sus primeros pasos de formación se dieron en el ámbito de la enseñanza dado que obtuvo el título de Maestra Nacional Normal y Profesora en Geografía ¿Cuánto considera que influyó su formación pedagógica en su posterior desarrollo y trayectoria profesional?

Nunca había reflexionado sobre eso y ante esta pregunta me doy cuenta que ha sido sumamente importante. Primero porque mi formación pedagógica empezó en la Escuela del Magisterio de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) donde se brindaba una formación muy importante desde el punto de vista humanístico. Teníamos latín, griego y nos recibíamos de maestras con 17 años. Eso me ayudó muchísimo, sobre todo en la capacidad de comunicar con otros mundos, con otros sentidos. Posteriormente, cuando hice la carrera de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras, que me otorgó el título de profesora y el de docente para trabajar en ámbitos secundarios y universitarios, generé una capacidad importante de comunicación, como solamente lo hacen los docentes, donde las cosas hay que comunicarlas de manera clara, concisa, sin demasiadas especulaciones académicas, lo importante es que el mensaje sea claro. Eso le ha dado un estilo a mi capacidad de comunicación, creo que soy bastante didáctica hasta en conocimientos complejos y complicados.

¿Cuáles son los vínculos que se establecen entre los aspectos sociales y ambientales de la problemática de la desertificación?

La problemática de la desertificación en el sentido amplio es entendida como la problemática ambiental de las tierras secas en el mundo. La problemática ambiental fue analizada desde los paradigmas de la Agenda 21, la Cumbre de la Tierra del ‘92, y el Informe Brundtland, los cuales generaron las condiciones para la creación de los nuevos enfoques sobre los que trabajamos: la cooperación de abajo hacia arriba, los enfoques holísticos, la interdisciplina, la sensibilidad de género, la concepción pacifista del desarrollo, el desarrollo sustentable y la integralidad de la aprehensión de los problemas ambientales y todos los aportes posteriores que desarrolló el Comité de Ciencia y Técnica de la Convención de Naciones Unidas de lucha contra la degradación de tierras y la desertificación (UNCCD por sus siglas en inglés), y especialmente el Grupo de Expertos en la Interfase Ciencia y Política (SPI). A esto se suma en la actualidad el trabajo del Observatorio Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación (ONDYT). Cuando trabajamos en degradación de tierras, sabemos que tenemos que trabajar la relación entre ambiente y sociedad, entre territorio y grupos sociales, y que esa relación está íntimamente ligada a la pobreza. Tierras secas es un paragüas en el que incluimos a todos los ecosistemas que tienen alguna deficiencia en la provisión de agua: hiperárido, árido, subárido y subhúmedo seco desde el punto de vista climático.

Lamentablemente las tierras secas están prácticamente abandonadas por los tomadores de decisión a pesar de que en nuestro país constituyen casi el 70% del territorio nacional, donde vive el 30% de nuestra población que se encuentra con las necesidades básicas insatisfechas, por debajo de la media. Este no es un dato menor, entonces tenemos que trabajarlas y ponerlas en valor.

Los grupos sociales que habitan estas tierras están en riesgo de abandonar su lugar justamente por la degradación de las tierras, la desertificación y la pérdida de la capacidad productiva, que resultan en la disminución de la calidad de vida, migrando a las zonas urbanizadas, en busca de otras oportunidades, lo cual constituye un problema serio en nuestro país y en América Latina. Nuestro país tiene más del 80% de la población urbana y en América Latina sucede lo mismo. Lo que significa que estos procesos relacionados con la globalización son los que tenemos que tratar de mitigar con un desarrollo equilibrado, generando infraestructura para estas poblaciones y algún tipo de propuestas de desarrollo local con procesos y recursos endógenos del territorio.

Hoja de ruta

Elena Abraham se ha desempeñado como Directora del Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (IADIZA) y Subsecretaria de Medio Ambiente del Gobierno de Mendoza. Es Directora del CCT CONICET Mendoza y miembro del Science & Policy Interfase (SPI) de la Convención para Combatir la Desertificación de Naciones Unidas (UNCCD), grupo del que participa como experta internacional. Ha sido Co-chair de la Desertnet International y es miembro de la Comisión Directiva del Observatorio Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación. Ha publicado más de 200 contribuciones al conocimiento de las tierras secas. Entre los premios recibidos se destaca el reconocimiento del Gobierno de Brasil a través de su Ministerio de Ambiente, por sus relevantes contribuciones al desarrollo del conocimiento científico sobre la desertificación en América Latina.


¿En qué consiste el Manejo Sustentable de Tierras secas?

Está intrínsecamente ligado a la lucha contra la desertificación y la pobreza. Se define como Manejo Sustentable de Tierras (MST) que, como ya se ha dicho, en tierras secas se relaciona con todos aquellos ámbitos del territorio, de los ecosistemas, que tienen alguna deficiencia en el aprovisionamiento hídrico, es decir, que tienen algún problema relacionado con el acceso al agua. El MST se especifica como el uso de los recursos de las tierras (incluyendo suelos, agua, animales y plantas) para la producción de bienes que permitan satisfacer las necesidades humanas cambiantes, asegurando el potencial productivo de estos recursos en el largo plazo. Y, fundamentalmente, garantizando el mantenimiento de sus funciones ambientales. Esto se inicia con Herweg & Steiner en el 2002, los trabajos del Banco Mundial y de la Universidad de Berna, en Suiza. Actualmente está aceptado por todos los tratados internacionales. Lo importante es que el MST se basa en el principio de prevenir y reducir la degradación de la tierra por medio de tecnologías de conservación y de enfoques o programas participativos para su implementación, trabajando en conjunto con las poblaciones locales.

¿A partir de qué momento de su carrera y por qué comenzó a vincularse más estrechamente con las comunidades locales?

Toda la vida trabajé en el territorio. Al principio de mi carrera trabajaba en cuestiones biofísicas, sobre todo en geomorfología, y las poblaciones, eran un informante más. Ese trabajo de campo, muy intenso, hacía que pasara largos períodos de convivencia con estas poblaciones locales. Con el tiempo me fui dando cuenta que no podía permanecer indiferente a la situación de degradación de tierras y de impotencia que muchas de estas poblaciones estaban sufriendo. Sobre todo cuando uno intercambia y recibe conocimientos por parte de estas poblaciones, que son sumamente valiosos, y pueden ser integrados a los procesos de investigación.

Ahí comencé a pensar que necesariamente tenía que trabajar con la gente, aprender a escuchar y valorar sus conocimientos. Lograr que ellos también vieran que mis conocimientos, y los de mi equipo de trabajo, les podían servir para mejorar sus condiciones de vida. Y así, construir juntos lo que se llama un proceso de investigación-acción en donde uno trata de diseñar propuestas que sean modelos de desarrollo local surgidas de las propias comunidades, con el apoyo del conocimiento científico. Esas propuestas tienen que ser sustentables en el territorio y en el tiempo, y a la vez, ser capaces de competir en el mercado. No es poca cosa, pero tenemos experiencias exitosas que podemos mostrar. Se necesita perseverancia, compromiso y no dejarse vencer por la situación presupuestaria. El punto es mantenerse, buscar alternativas, seguir en contacto y planteando propuestas, algunas de las cuales pueden ser ambiciosas y otras muy simples, pero que siempre mejoran la vida de la gente.

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Izq. Junquilllo (Sporobolus rigens) en el Departamento de Lavalle (Mendoza). Der. Miembros de la Cooperativa Kanay Ken, en la comunidad de Tres Cruces, trabajando en la fabricación de escobas con la reutilización del junquillo.


¿Cuál es la importancia de trabajar de manera conjunta entre las comunidades y los tomadores de decisión?

Siempre hay tres pilares. La población local que es la que tiene que soportar todo el peso de las decisiones, el tomador de decisión, y los científicos, que podemos aportar desde el conocimiento al proceso de toma de decisiones. Hay que hacer un nuevo esfuerzo para que este triángulo funcione de manera armónica y no viciosa, para que cada uno pueda aportar algo para mejorar la realidad. Los tomadores de decisión del ámbito local muchas veces están ansiosos por recibir información para mejorar sus decisiones y son los que pueden cambiar el territorio. Es realmente muy emocionante cuando se plantea algo y al cabo de un tiempo uno puede ver que eso se realiza. Creo que se produce una especie de hecho casi milagroso en el que finalmente se pueden ver los resultados del trabajo conjunto. Eso solamente se hace de manera participativa. Los tomadores de decisión deben estar presentes desde un primer momento. Estos procesos exigen el compromiso de todas las partes involucradas, donde se busca que el que conduce el proceso tenga la suficiente flexibilidad como para entender las problemáticas de cada uno y saberlas acoplar, una tarea que no es fácil. Con los tomadores de decisión, surge un problema grande cuando se produce un cambio de gestión porque hay que volver a empezar. Si uno trabaja a todo nivel siempre queda una semilla sembrada y se puede seguir trabajando.

¿En qué consisten los métodos participativos y multiescalares y cuáles son sus ventajas?

Todo lo abordamos desde una visión multiescalar. El problema ambiental tiene múltiples dimensiones de abordaje, como la dimensión espacial que a su vez tiene varios niveles de abordaje (desde lo global hasta lo local pasando por lo regional). También está la dimensión temporal, que nos permite relacionarnos con las causas y la evolución de los procesos que generan los cambios ambientales y las relaciones con los grupos sociales. Esa dimensión temporal la encaramos desde el punto de vista diacrónico, que significa a través del tiempo. Esto nos permite generar unidades de análisis que son los períodos homogéneos y las adaptaciones humanas en el uso de los recursos. Así es posible entender las causas y las consecuencias de los procesos de la degradación, y cuáles han sido las adaptaciones que plantearon los grupos sociales en relación con estos cambios. Discriminando, además, los cambios que están relacionados con causas naturales y los producidos por la acción antrópica.

Todo esto se transita de manera participativa. Hemos generado una metodología, un procedimiento de trabajo, de evaluación integrada basada en la teoría de procesos complejos. Tenemos un gran investigador en Argentina, Rolando García, que aportó una visión interesantísima sobre cómo los problemas complejos tienen que ver con el entorno, el contexto, la participación y el abordaje interdisciplinario. Pero fundamentalmente con algo que va implícito en este tipo de abordajes, y es que necesariamente tenemos que pasar de la investigación a la acción. Nosotros hemos comulgado con estas teorías y todo lo que planteamos tiene implícita alguna estrategia participativa de intervención para mejorar las condiciones de vida de las sociedades con las que trabajamos.

En el contexto argentino ¿cuáles son los principales desafíos que se presentan en términos de vinculación entre las comunidades, la academia y los tomadores de decisión?

En el contexto argentino el desafío es buscar fuentes de financiamiento que valoren este tipo de relación. Si las experiencias en el territorio pueden relacionarse con propuestas de ordenamiento territorial extrapolable a otros territorios, muchísimo mejor. Pero tiene que verse, tiene que haber un edificio, una fábrica, un pozo, unos corrales, un rebaño de cabras sanas, un vivero impecable, y esas cosas cuestan dinero. Muchas veces, a nivel nacional, no encontramos ese dinero. Sí lo encontramos a nivel internacional, pero esta cooperación tiene muchos vaivenes y entonces corremos el riesgo de dejar las cosas a medio camino.

El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva tiene líneas muy interesantes, pero a veces apuntan a presupuestos demasiados altos para ejecutar o demasiado bajos. Tendríamos que conversar sobre líneas de financiamiento que fortalezcan trabajos ya iniciados dándoles la oportunidad de arrojar resultados concretos aprovechables por la comunidad científica, los tomadores de decisión, y los habitantes.

Existen herramientas a nivel nacional que son muy importantes como la Ley de Bosques, por supuesto perfectible en su aplicación. También la Ley de Glaciares y las leyes de Ordenamiento Territorial. Son esfuerzos importantes que los sabemos valorar perfectamente porque triangulan las capacidades del científico, del tomador de decisión y de la comunidad. Quizá serían necesarios más normativa o más recursos y que los mismos se aplicaran de manera equitativa en el país o que incluyera la participación de más actores.

¿Cuáles son las principales líneas de investigación que están desarrollando actualmente en el Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (IADIZA) y en el Laboratorio de Desertificación y Ordenamiento Territorial (LADyOT)?

El IADIZA es un Instituto de triple dependencia, conformado fundamentalmente por el CONICET, el Gobierno de la Provincia de Mendoza y la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo). Es un instituto que se caracteriza por tener todas las condiciones de abordaje de las tierras secas desde el punto de vista de la amplitud temática: economías de comunidades del desierto, diversidad, interacciones ecológicas, geobotánica y fitogeografía, manejo de vertebrados silvestres, entomología, ecofisiología y producción de zonas áridas, botánica y fitosociología.

El IADIZA tiene un gran patrimonio con el manejo de la Reserva de Biósfera de Ñacuñan, que es la primera área protegida de Mendoza, y la primera del monte, y un campo experimental que es El Divisadero. Además, cuenta con un sistema de información geográfico que es de libre acceso y es sede del Observatorio Nacional de Degradación de la Tierra y Desertificación (ONDTyD), resultado de un esfuerzo conjunto entre el CONICET, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Universidad de Buenos Aires (UBA). Dispone también del Herbario Luis Real que es muy importante con más 90 mil ejemplares; la Colección de Entomología que tiene también gran cantidad de números; la de aves; la de Mastozoología; la de Herpetología y peces, y el cactario que es una colección viva que se puede apreciar en todo su esplendor cuando los cactus están florecidos. A su vez, el IADIZA cuenta con una red de estaciones meteorológicas en zonas de difícil acceso en las tierras secas. El LADyOT, en tanto, fue creado como un grupo interdisciplinario para el abordaje integrado de las tierras secas y los procesos de desertificación y degradación de tierras que las afectan, buscando incorporar los conocimientos generados a los procesos de ordenamiento territorial de la provincia y de la región. Una de las fortalezas del grupo es que es interdisciplinario, sumamos los procesos relacionados con las ciencias sociales, las ciencias del patrimonio, las ciencias ambientales y las ciencias vinculadas con la evaluación y el acceso a los recursos.

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Miembros de la Cooperativa Kanay Ken, en la comunidad de Tres Cruces, trabajando en la fabricación de ladrillos ecológicos (no requieren cocción, por lo tanto no utilizan leña) empleando el material más abundante en el desierto: la arena.

¿Cómo fue su participación en el trabajo realizado con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de donde surgió el concepto de “bosques ocultos” en tierras secas?

Fue un proceso muy interesante a solicitud de la FAO. Se trataba de un proyecto internacional con más de 200 investigadores (científicos y estudiantes de 15 organizaciones del mundo). A mí me pidieron que fuera la coordinadora del relevamiento de bosques secos para América Latina, junto a un colega de Brasil. Fue muy exitoso porque los equipos de la FAO vinieron a Argentina, hicimos un proceso de intercambio y el relevamiento para el inventario. Finalmente, este trabajo desembocó en una serie de descubrimientos muy interesantes, que ponen en valor las tierras secas del país y del mundo. Lo relevante en este estudio fue que se trabajaba con una tecnología diferente a las imágenes satelitales que usamos habitualmente. Toda esa información fue puesta a disposición por Google Earth con una herramienta de fotointerpretación que desarrolló la FAO.

Los resultados finales también serán muy accesibles para el resto de los investigadores. Todavía está en construcción la página con todos los datos pero van a ser de libre acceso. Lo que se descubrió es que se amplió el concepto de tierras secas, ahora son 1.227 millones de hectáreas de arbolado en tierras secas, sumando casi un 10% más a la masa forestal del planeta. Esto es sumamente importante porque pone en valor a las tierras secas. Las valorizamos en servicios tan básicos como el secuestro del carbono, están aportando una cantidad muy interesante al porcentaje global. Esto nos ayuda a pensar que las tierras secas tienen una capacidad muy importante para reducir la incertidumbre global sobre la reserva de carbono y revela el verdadero potencial de la cobertura de carbono de los biomas en tierras secas.

Esto nos pone en contacto con acciones para poner en valor estas tierras, en conservación de lo existente, en restauración de lo degradado. En las tierras secas tenemos un bajo costo de oportunidad y ahí podemos mitigar las acciones relacionadas con el cambio climático y la desertificación, apoyando la conservación de biodiversidad y a las poblaciones locales. No es una cuestión menor lo relacionado con el cambio climático global. Las simulaciones de modelos climáticos más recientes muestran que el cambio climático global podría hacer que los biomas de las tierras secas se expandieran entre 11 y 23% a finales del siglo XXI. Esto significa que las tierras secas pueden llegar a cubrir más de la mitad de la superficie terrestre global. Lo que probablemente no sea igual es la distribución, las tierras secas de la actualidad no lo serán tanto en el futuro y otras que hoy no lo son estarán en proceso de convertirse en secas. Por eso, poner en valor el conocimiento que tenemos es sumamente importante no solo para el presente sino también para el futuro.

Abraham: “Creo firmemente en la fuerza de la unidad demostrativa”
Durante la entrevista, Elena Abraham resumió su experiencia en territorio con las siguientes frases:

- “Nos concentramos en el Departamento de Lavalle que es el más árido de todo Mendoza. El que tenía más problemas de degradación y desertificación de tierras, más procesos de migración y problemas relacionados con el acceso al agua. El desafío fue evaluar si podíamos hacer un cambio en una de las zonas con mayores desventajas, y si podíamos extrapolar la experiencia a zonas semejantes o con mejores condiciones. Estamos generando una unidad de producción y servicios en el medio del desierto con una cooperativa formada junto a productores de caprinos de subsistencia. Esta cooperativa costó muchísimo hacerla, el gran desafío fue lograr que la gente perdiera la desconfianza que tenía ante tantas promesas incumplidas”.

- “Empezamos con cooperación internacional y tuvimos un bache terrible porque no continuó la ayuda que recibimos, primero de Italia y luego de Alemania. Eso nos complicó pero seguimos gracias a las pequeñas ayudas obtenidas a nivel nacional, desde el Sistema de Ciencia y Técnica, desde el Ministerio de Ciencia y Tecnología y desde el CONICET. Ahora estamos con un proceso de búsqueda de financiamiento para continuar pero ya podemos mostrar una cooperativa andando, los campos mejorados, un vivero, una fábrica de escobas que la hicimos con la Fundación YPF para reutilizar el junquillo, que es un recurso de la zona. También tenemos una fábrica de ladrillos ecológicos en funcionamiento desarrollada junto a otros científicos de Mendoza”.

- “Ahora estamos con el proyecto de un tambo porque hemos mejorado la sanidad y la genética de las cabras, librándolas de brucelosis y mejorándolas para la producción de leche. Estamos en ‘la patriada’ de lograr que en el medio del desierto se pueda producir y vender una marca de origen”.

- “Cuando lo planteamos con la cooperación internacional era un proyecto que abarcaba todo el departamento de Lavalle, que comprende 1 millón de hectáreas y a 400 puesteros. Como hemos tenido que reducirnos, y porque creo firmemente en la fuerza de la unidad demostrativa, nos hemos concentrado en la localidad El Junquillal, en el límite con San Juan. Esta comunidad cuenta con la Cooperativa de Kanay Ken y estamos trabajando junto a 30 familias. Ellas aportan las cabras paridas ya mejoradas desde el estado nutricional, sabiendo que una cabra en este sistema le equivale al productor la misma ganancia que 20 cabras en un sistema tradicional. Esto significa disminuir la presión de pastoreo en los campos, mejorar el sistema natural y la capacidad de ingreso de las poblaciones. Todavía necesitamos construir el tambo. Están hechos los estudios de mercado y tenemos muchas opciones para presentar los productos en el mercado local, regional e internacional porque la leche de cabra tiene grandes propiedades, para luchar contra la desnutrición y para las personas que tienen intolerancia a la lactosa. También queremos producir leche en polvo, así que viene interesante”.

- “La formación de equipos es todo un desafío. A lo largo del tiempo hay decepciones por muchos motivos, uno de ellos es el sistema académico que hasta hace poco no reconocía el trabajo en territorio. Por suerte, ahora, CONICET está cambiando la evaluación de sus investigadores. La vinculación, la transferencia y la tecnología se está considerando como algo deseable e importante, pero hace unos años esto no era así. Entonces mucha gente optó por la cultura del paper y se pusieron únicamente a publicar abandonando el trabajo en las comunidades. En ese sentido, yo encontré una muy buena fórmula, que es trabajar con la gente que está en la Carrera del Personal de Apoyo de CONICET que está muy involucrada con este proceso y también con investigadores que están involucrados con proyectos exitosos como los del ONDTyD, que es otro muy buen ejemplo de trabajo conjunto”.


*Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Integrante del Programa de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo Sustentable (CITIDES). Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

PRODUCIDO POR LA DIRECCIÓN GENERAL DE PRENSA Y COMUNICACIÓN DEL MINISTERIO DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN PRODUCTIVA.