DESARROLLO SUSTENTABLE
¿Qué es el desarrollo sustentable?
Las complejas relaciones entre ambiente y desarrollo, han estado asociadas a diversas controversias que se extienden desde las predicciones que realizara Thomas Malthus (1) a finales del siglo XVIII en relación al crecimiento de la población mundial y la disponibilidad de recursos naturales, pasando por las señales de alarma que en las décadas de 1960 y 1970 originaron los patrones de consumo, producción y estilos de vida en los países centrales, hasta los intensos debates que en la actualidad siguen alimentando estas discusiones. En este escenario, América Latina se configura como un terreno de grandes potencialidades para la emergencia de nuevas e integradoras perspectivas sobre el desarrollo, pero también de gran conflictividad socio-ambiental dada la profundización de la explotación insustentable de su riqueza natural y sus aspectos distributivos.

Los límites ambientales al desarrollo, entendido exclusivamente como sinónimo de crecimiento económico, comenzaron a ser señalados por el emergente movimiento ecologista y la comunidad científica internacional en la década de 1960, y hoy es claro que las promesas asociadas al crecimiento económico ilimitado y la “teoría del derrame” no sólo no se han cumplido, sino que el planeta está deteriorándose rápidamente (Buch, 2013) (2). En este marco, en las últimas décadas han comenzado a ser cada ser más visibles e intensos cambios ambientales globales que afectan seriamente la calidad de la vida y el bienestar de la población, y que se vinculan estrechamente a estilos de desarrollo y consumo que se han venido consolidando en el último siglo.

Sobre este trasfondo, en la décadas de 1960 y 1970 comenzaron a emerger los primeros conceptos orientados a abordar los complejos vínculos entre desarrollo y ambiente. Es importante destacar que desde los inicios de las discusiones que posicionaban al ambiente como dimensión estratégica del desarrollo, la comunidad científica y los movimientos sociales de América Latina no sólo participaron activamente, sino que de hecho, realizaron aportes significativos en la estructuración de visiones alternativas (3). En este sentido, cabe mencionar los aportes de la ecología política latinoamericana cuyas raíces se remontan a los procesos de movilización social de las décadas de 1960 y 1970 en respuesta a los patrones de consumo, producción y estilos de vida de los países centrales y los movimientos indígenas de la región que cuestionan fuertemente las visiones economicistas del desarrollo. Estos movimientos, por otro lado, dan cuenta de una diversidad de culturas y de trayectorias socio-históricas no necesariamente homogéneas ni sincrónicas, que hacen improbable encontrar fórmulas únicas de conceptualizar y promover el “desarrollo”.

A su vez, y considerando la historia reciente de América Latina, es importante reconocer la relevancia de las nociones de “Vivir Bien” y “Buen Vivir” (4, 5 y 6) que constituyen la crítica más fuerte y radical que se ha realizado a los paradigmas de crecimiento económico. Estas nociones se caracterizan por tener un origen multicultural así como también por otorgar un lugar central a la calidad de vida de las personas y a la protección de la naturaleza.

El primer precursor moderno del concepto de desarrollo sustentable, fue el de ecodesarrollo, un concepto acuñado por Maurice Strong, el Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Ambiente Humano realizada en Estocolmo en 1972. El concepto de ecodesarrollo se sustentó en tres pilares: autonomía en la toma de decisiones, equidad y prudencia ecológica. Este concepto posteriormente fue reemplazado por el de desarrollo sustentable, originalmente usado en la Estrategia Mundial para la Conservación de la Naturaleza, lanzada en 1980 por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, pero tuvo una amplia difusión política con el “Informe Brundtland” o más conocido como “Nuestro futuro común”, lanzado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 1987. Este informe popularizó la definición más “clásica” del desarrollo sustentable:

“El desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades” (WCED, 1987: 43) (7).

Después de un largo debate sobre el significado del concepto, unos pocos principios comunes fueron enfatizados, si bien no existe una definición unívoca del mismo. El primero, es un compromiso con la equidad y la justicia, en el que se debe dar prioridad a la mejora de las condiciones de los sectores más desfavorecidos y considerar en la toma de decisiones los derechos de las generaciones futuras. El segundo, es una visión de largo plazo que enfatiza el principio precautorio: "Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces para impedir la degradación del medio ambiente” (8). El tercero, señala que el desarrollo sustentable encarna la integración, comprensión y actuación sobre las complejas interconexiones que existen entre el medio ambiente, la economía y la sociedad. Gradualmente, el concepto incluyó otras dimensiones además de la económica, la social y la ambiental, como fueron la política, la institucional, la cultural y la ética. Actualmente existen más de cien definiciones sobre el desarrollo sustentable en la literatura, ilustrando la pluralidad de puntos de vista y los diferentes aspectos y perspectivas destacadas por varios autores (Gallopín, 2014:321) (9).

A pesar de la aceptación general de que el desarrollo sustentable exige una convergencia entre los tres pilares del desarrollo, la dimensión económica, la equidad social y la protección del medio ambiente, las derivaciones prácticas del concepto continúan siendo complejas de implementar.

El concepto de desarrollo sustentable plantea la asociación entre el desarrollo, que implica específicamente un proceso de cambio (mejoramiento), y la sustentabilidad, un término que denota la capacidad de mantener en el tiempo determinada situación o condición. Si bien el concepto ha sido objeto de diversas críticas porque propone la articulación entre nociones contradictorias (sostener en el tiempo un proceso de cambio continuo) y en muchos casos se lo utiliza naturalizando la preeminencia el imperativo del crecimiento económico per se a costa del medio ambiente y la marginación de dimensiones relevantes para la calidad de vida de la población, identifica aspectos claves de un desafío cada vez más relevante para la humanidad: ¿cómo promover el bienestar de las mayorías sin destruir la naturaleza? El Programa CITIDES reconoce esta diversidad de perspectivas sobre las implicancias del desarrollo sustentable y se enmarca en las corrientes que ratifican la necesidad de adoptar una concepción integral del desarrollo que involucre otras dimensiones históricamente marginadas pero cuya importancia resulta innegable: la ambiental, la sanitaria, la social, la cultural, la educativa, la científico-tecnológica, la ética, la política, entre otras.


Notas:

1. Thomas Malthus sostenía que la población humana tendía a crecer exponencialmente mientras el crecimiento de los medios de subsistencia (Ej. alimentos) crecía sólo en forma aritmética, lo que llevaría a hambrunas, guerras y enfermedades, salvo que se ejerciera un estricto control demográfico.
2. Buch, T. (2013). Desarrollo y ecopolítica. Los grandes debates de la tecnología, el ambiente y la sociedad. Carapachay: Lenguaje claro Editora.
3. Ver: ¿Catástrofe o Nueva Sociedad? Modelo Mundial Latinoamericano (1977). Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo.
4. El artículo 8 de la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia (2009) señala: “El Estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad plural: ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón), suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble)”.
5. Antes que un concepto acabado, el Buen Vivir expresa un proceso, una construcción paulatina donde intervienen una amplia variedad de voces. Por lo tanto existen distintas versiones, cada una de ellas con sus énfasis y respondiendo a coyunturas específicas. Nadie puede reclamar obediencia a un decálogo, y todavía hay mucho camino para recorrer (Gudynas, 2011).
6. El Buen Vivir es planteado como un derecho en el capítulo segundo del Título II de la Constitución de la República de Ecuador (2008) que también incluye a los “Derechos de la Naturaleza” (Art. 72), reconocidos por primera vez en la historia de la humanidad.
7. Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo /Commission on Environment and Development (WCED).
8. Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, Principio 15.
9 Gallopín, G. (2014). “Conceptual frameworks and visual interpretations of sustainability”. Int. J. Sustainable Development, Vol. 17, Nº 3, 2014.


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